Si bien es de recordar, que detrás de cada vino hay un agricultor (hasta no hace mucho tiempo una figura más bien poco glamurosa) en la cual destacaba por su compromiso con el campo y el viñedo, donde siempre se andaba con el objetivo de poder producir una buena calidad junto a cantidades suficientes para que el negocio fuera rentable.
Anteriormente la figura relacionada con el glamour, la ejercían ciertos “negociants”, en su mayoría de Burdeos donde se dedicaron durante décadas a la comercialización del vino, lo que incluía un sector privado del lujo muy reducido por aquel entonces.
De todas maneras, el vino ha sido consumido por todo tipo de clases sociales, sobretodo en los países productores, no tanto en países que debían comprar este producto y se bebía en círculos más pequeños, siendo la gran mayoría bebedores de cerveza en infinidad de ocasiones.
Pero la pregunta sería ¿que nos ha pasado a día de hoy? Donde ha quedado la figura del agricultor, el enólogo/químico y aquel distribuidor que iba por los comercios?, pues el panorama de hoy en día es bien diferente.
Si bien es cierto que hemos avanzado mucho con estudios y tecnología para poder elaborar vinos correctos, destacar que pocos vinos hay hoy en día que no sean bebibles, es bien cierto ese circo que nos rodea en estos tiempos y que afecta de manera directa al consumidor.
El agricultor ya no es un mero hombre de campo, ahora es un experto en geología donde en su vocabulario entran palabras como mineralidad y salinidad entre otras, el enólogo parece en algunas ocasiones sacado del mundo de la purpurina de Hollywood, donde en numerosas ocasiones es mas interesante el showman que el elaborador, y no olvidarnos de los distribuidores que sostienen infraestructuras vinícolas en ocasiones entregados a los lujos.
Pero todo esto nos lleva a otro plano, donde los sommeliers o expertos en vino deciden y proponen vinos bajo discursos poco contrastados por ellos mismos y sin olvidarnos de los prescripciones de opinión y las nuevas corrientes conocidos hoy como “influencers”.
Dentro de este grupo podríamos decir que son los que nos ofrecen a diario una visión de diversión, donde una gran mayoría se dedican a comentar, escribir y hasta valorar un producto como el vino con pocas nociones de lo expresado, salvo por lo comentado durante la sobremesa en una bodega y en el que la imagen ha pasado a tener más importancia que la información.

Pero no desesperemos, aún nos queda un rayo de luz, donde grandes profesionales del sector siguen ofreciendo claridad y humildad, que no hay que confundir con el reconocimiento y valor de estos profesionales.
Gozamos de grandes enólogos y viticultores que nos sorprenden a diario con sus creaciones, visionarios en algunos casos concretos, disfrutamos también de grandes vinos, de todos los precios, ofrecidos por aquellos distribuidores que se preocupan a diario por la actualidad y su comprensión en este mundo del vino y así lo transmiten con el reflejo de un estudio previo y como no, de una buena lectura por parte de los prescriptores, en la que se hacen preguntas y reflexiones, donde muestran sus aptitudes, estudio, experiencias y donde las valoraciones están medidas y contrastadas.
Todo eso es todo un placer para la degustación de la lectura y para enganchar al mundo del vino a todo el público en general, crear adeptos y seguidores, poder valorar cada uno de los vinos dentro de nuestros conocimientos y capacidad, en definitiva hacer del vino algo más humano y accesible, en donde su parte cultural emerja de manera cautivadora en cada sorbo que tomemos de la copa.
La elite es solo un estatus, la comprensión y el aprendizaje es un valor fundamental.
